¿Pulgar o meñique?

¿Por qué será que a la mayoría nos gusta hacer de vez en cuando tests de personalidad? Desde aquellos más prestigiosos, como por ejemplo el clásico Eneagrama, hasta los más lúdicos con preguntas del tipo Cuando te lavas los pies, ¿empiezas por el pulgar o por el meñique?

¿Por qué tenemos la curiosidad de saber qué se desprende de nuestras respuestas? Seguramente los resultados nos provocan unas cosquillas parecidas a las que sentimos cuando leemos las predicciones de nuestro horóscopo. De todas maneras, una cosa es confiar en lo que dicen las cartas astrales bien estudiadas, aunque muchos metan a la astrología en el mismo saco de patrañas, y otra muy distinta, creer que a todos los Aries del mundo les va a suceder lo que indican las cuatro líneas del horóscopo de un periódico diario.

La cuestión es, ¿tan poco nos conocemos?, ¿tanto apoyo externo necesitamos para saber qué queremos o qué tenemos que hacer? Por lo visto eso parece. Cuesta muchísimo no sólo responderse con absoluta libertad y siendo completamente sinceros, sino también hacerse las preguntas adecuadas para saber qué es lo que realmente querríamos hacer con nuestra vida. A veces ni siquiera nos las planteamos por lo alienados que estamos siguiendo el camino que nos marca la sociedad. Sigue leyendo “¿Pulgar o meñique?”

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La vendedora de pañuelos (Mirando directamente a los ojos)

¿Por qué me habrá emocionado tanto el contacto visual que tuve con un señora que vendía pañuelos de papel en el tren?

Estas conexiones especiales que me agitan el alma y me conmueven hasta el punto de hacerme verter alguna lágrima me hacen pensar que quizá exista la reencarnación.

La sensación que tuve con la vendedora de pañuelos fue como de reconocimiento. Como si nuestras miradas no sólo fueran directas de ojo a ojo sino también de alma a alma. Cuando nos sonreímos, aún sosteniéndonos la mirada, a mi corazón le dio un vuelco y me emocioné. Tuve que contener las lágrimas y las ganas de abrazarla, de estrechar al continente de esa alma que me había conmovido y que, imaginé, quizá también habría reconocido a la mía a través del tiempo, en esta nueva vida, en este nuevo mundo. Sigue leyendo “La vendedora de pañuelos (Mirando directamente a los ojos)”

Mis favoritos de abril (2018)

¡Hola-hola! Ha llegado el primer fin de semana de mayo y con él mi post sobre mis favoritos de abril. Aquí están:

* Frase: La acción más pequeña es mejor que la intención más grande (Newsletter de El arte de vivir)

* Sensación: El reencuentro con el marinero tras habernos visto sólo dos días en dos semanas y media debido a diversas circunstancias. Al hablar con él sentía mariposas en el estómago como si fuéramos una pareja de novios adolescentes que empezaran su relación.

* Películas: Escojo dos:

Call me by your name (2017), por lo delicada y bella y esa sensación de los veranos larguísimos de mi infancia que me encanta que me hagan sentir de nuevo. Timothée Chalamet, el actor veinteañero me pareció espectacularmente bueno; se va a comer el mundo.

Gorrión Rojo (Red Sparrow, 2018), en la que nada es lo que parece… ¿o sí?

Las películas de Jennifer Lawrence no suelen defraudar. ¿Habéis visto ya el delirio de Madre! (Mother!, 2017)? Tuvo sus fans y sus detractores. A mí me encantó, pero no he oído/leído que nadie haya hecho la analogía entre la casa de los protagonistas y la ‘Madre Tierra’ que yo interpreté. Sigue leyendo “Mis favoritos de abril (2018)”

El diario de Ana Frank

Hace unas semanas leí el cómic El diario de Anne Frank, adaptado por Ari Folman e ilustrado por David Polonsky. No había leído aun el diario completo, de modo que al enterarme de que existía esta versión en novela gráfica pensé que ya tocaba acercarse a la historia de Ana Frank aunque fuera de este modo más sucinto.

No esperaba que una niña de trece años pudiera escribir tan bien, fuera tan madura y tuviera tanto humor como para hacer de su diario adolescente un documento tan interesante por tantos motivos además de por el obvio, conocer algo mejor la época y la situación que trata. No sabía que en su refugio holandés, ‘la casa de atrás’, convivió además de con sus padres y hermana con cuatro personas más: otra familia con un hijo y un dentista con el que Ana tuvo que compartir habitación. Por supuesto, un espacio pequeño en el que conviven tan estrechamente ocho personas de tan distintas personalidades puede ser un hervidero de situaciones interesantes que reflejar en un diario. El escrito es tan completo que hasta incluye un romance entre Ana y Peter, el hijo de la otra familia. Sigue leyendo “El diario de Ana Frank”

Cada respiración, un nuevo comienzo

Durante estas últimas semanas he seguido dos cursos online sobre Mindfulness, ‘De-Mystifying Mindfulness‘ (‘Desmitificando el Mindfulness’), de la universidad holandesa de Leiden, y ‘Mindfulness for Wellbeing and Peak Performance‘ (algo así como ‘Mindfulness para el bienestar y el máximo rendimiento’), de la universidad australiana de Monash. El primero recomendaba como uno de los ejercicios finales escribirme a mí misma una carta sobre lo que me gustaría que la Eva futura no olvidara de lo que ha aprendido con el curso. Me parece una propuesta muy atractiva y he pensado que sería una buena idea compartir algunas de estas enseñanzas tan valiosas, de modo que aquí tenéis parte de la carta que escribí:

Apreciadísima Eva,

Me gustaría pensar que te encuentro bien. Serena, contenta con lo que haces, disfrutando de la vida y observando con curiosidad las sensaciones y sentimientos que te despierta lo que te sucede a cada momento. Recuerda que lo ideal es no juzgar ni criticar, sino aceptar todo lo que trae la vida tomándolo como parte inherente a ella. Ya sabes que esto no significa que no tengas que sentirte triste o irritada por cosas que sucedan o te sucedan, al contrario, de lo que se trata es de reconocer ese sentimiento y utilizarlo como información para mejorar la situación en cuanto sea posible; pero habrá duelos por los que irremediablemente habrá que pasar y atravesarlos será lo más saludable. Sigue leyendo “Cada respiración, un nuevo comienzo”

Mis abuelos (De árboles genealógicos, desvanes y cintas de vídeo)

Sólo he tenido la fortuna de conocer a mis abuelos paternos, procedentes de un pueblecito burgalés de la Ribera del Duero.

Mi abuela hubiera cumplido 97 años el pasado miércoles 4 de abril. Era un terremoto de mujer en cuanto a carácter y energía. Tenía mucho genio, era un poco cascarrabias y quería que todo se hiciera a su manera, pero a la vez era alegre y reía mucho.

Mi abuelo, más tranquilo, con el pelo cortado a cepillo, de cara y brazos morenos por el sol del campo y de aspecto bonachón, cumpliría 100 años el próximo mes de enero. Sigue leyendo “Mis abuelos (De árboles genealógicos, desvanes y cintas de vídeo)”

Hoy es mi cumpleaños (La sartén por el mango)

Hoy es mi cumpleaños y me felicito por tener ilusión por lo que está por llegar, por mirar a mi pasado con cariño y por estar recorriendo un camino que, aunque no sepa si me llevará a un victorioso fin, estoy disfrutando y está permitiéndome conocerme mejor a mí misma.

Da igual la edad que tengas, da igual el camino que hayas recorrido, si te aceptas cómo eres en el presente, con tus más y tus menos, vas a tener la sartén por el mango. Y a pesar de que, según como se mire, no he tenido un recorrido de éxitos iluminados por las mejores bombillas de Broadway, siento que siempre he hecho lo que querido hacer en cada momento. Y eso es un lujazo. El lujazo máximo. Sigue leyendo “Hoy es mi cumpleaños (La sartén por el mango)”

Que todos los días sean el Día de la Felicidad

Ah, qué el martes (20 de marzo) fue el Día Internacional de la Felicidad. Pues me parece maravillosa la iniciativa del Reino de Bután, que considera la Felicidad Nacional Bruta más importante que el Producto Interior Bruto, pero mejor celebremos un día así a diario.

Yo precisamente el 20 de marzo no tuve el mejor día, sin embargo no puedo decir que no fuera feliz. Tuve un momento duro cuando acabé de revisar por primera vez la novela que estoy escribiendo (probando a escribir) al confirmar que me faltan muchos, no ya flecos, sino cortinas enteras que tengo que arreglar para que la historia sea entendible y quede totalmente conectada. Qué trabajo más difícil, pensé, el que me va a tocar hacer en mi próxima jornada laboral, probablemente un brainstorming brutal y sin prejuicios para ver si saco de ahí ideas que me ayuden a ligar esta historia ante la que, de momento, y espero que afortunadamente, no me apetece rendirme y que sueño con acabar y presentar al mundo. Sigue leyendo “Que todos los días sean el Día de la Felicidad”

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